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Archive for the ‘Palabra de matrona’ Category

Sobre la Gran Conferencia sobre los Derechos Humanos en el ámbito del Parto y Nacimiento, 31 de mayo a 1 de junio de 2012.

¿Quién decide cómo debe nacer un bebé? ¿Quién toma la decisión sobre el lugar del parto? ¿Quién tiene la responsabilidad última sobre el parto y sus “resultados”? ¿Cuáles son los derechos legales que tiene una mujer durante el parto? ¿Cuáles son las responsabilidades de los médicos, matronas y otros profesionales en el proceso del parto y nacimiento? ¿Cuáles son los derechos e intereses de un bebé no nacido, y cómo debe ser protegido?  (más…)

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Por C. G., matrona y socia

Campaña "Por un parto digno". Sociedad Peruana de Estimulacion Prenatal y Postnatal (SPEPP)

Para que vea el señor Arenas – pueden leer aquí el artículo en cuestión, titulado “Medicina defensiva“- que las usuarias no somos el enemigo, vamos a echarle un cable en este tema de las denuncias. Vamos a hablar de ello, pero desde otro punto de vista, uno serio, sincero y sin prejuicios. Es el punto de vista de una profesional que atiende partos como es debido, respetando la evidencia científica, respetando la fisiología del parto y respetando los derechos y deseos de la mujer que está de parto.

Hay muchas denuncias a los ginecólogos por NO HABER HECHO (cesárea, acelerar, inducir) y muy pocas, o ninguna si me apuras, POR HABER HECHO (cesárea, acelerar, inducir). Teniendo esto presente, no es de extrañar que la medicina defensiva no sea defensiva, sino agresiva. Es muy duro estar acompañando a una mujer y tener a todo el mundo al lado diciéndote que si no le haces algo pronto y le sacas al niño te voy a denunciar (eso lo he vivido yo en mis carnes); no entienden que el dolor no es sufrimiento, ni que un parto normal dura muchas horas, ni que antes de hacer una cesárea hay que intentar que el parto siga su curso… Creo que también es importante hacernos conscientes de esta realidad.

Las mujeres también tenemos que asumir nuestra parte de responsabilidad en el proceso y en las decisiones que tomamos. No justifico para nada la mala praxis, pero sí creo que en lo único que tiene razón Bajo Arenas es en que, mientras las denuncias sigan siendo como son, poco favorecemos el cambio. La denuncia no debería ser por la ventosa, sino por qué motivo se ha llegado a necesitar una ventosa: mujer inducida, con epidural, inmovilizada y en posición de litotomía. Sufrimiento fetal agudo, cesárea de emergencia. Bebé con problemas neurológicos. Denuncia al servicio. ¿Motivo? POR NO HABER HECHO UNA CESÁREA ANTES. Y eso no es lo que debería ser. El verdadero motivo por el que habría que denunciar a este servicio es por una inducción probablemente no justificada, por crear unas condiciones nefastas para el desarrollo del parto y por no haber informado correctamente antes de todo eso. Pero no, ¿le van a denunciar por haber hecho todo eso? No, lo van a denunciar pero por no haberlo hecho más rápido. Y ese es el error que perpetúa la acción defensiva-agresiva por parte del sistema. Y esta actitud continua, en los paritorios, hace que cedas muchas veces a la presión e intervengas cuando no es necesario. Hay muchas cesáreas por presión familiar. Muchísimas. Y eso no es culpa del sistema, sino de la sociedad.

No podemos exigir por un lado que se respeten los tiempos, que no se intervenga, que no se actúe de forma defensiva-agresiva, pero por otro lado, que la mujer no “sufra”, que sea cortito y que le hagan todo lo que le tengan que hacer rápido no vayan a dejarla parir como las negras, por el suelo y sin que nadie haga nada. Eso también es la historia de cada día en muchos hospitales. Eso también es la vivencia de muchos profesionales que intentan hacer las cosas correctamente y se encuentran acorralados en un pasillo con un puño en la cara por no haber sacado el bebé a la de ya.

Yo soy la primera que critica al sistema y a los sanitarios que no se informan y no evolucionan. Pero también soy sanitaria y conozco el patio; y las mujeres también tienen su parte en esto. Muy probablemente las que estamos aquí no sean así (por eso estamos aquí), pero sí lo son un elevado porcentaje de las mujeres de esta España nuestra. Entonces seamos justos, al césar lo que es del césar…

En definitiva, existe un círculo vicioso, pero como en todo círculo no se sabe muy bien donde está el principio y el final. La visión que tenemos del parto, tanto profesionales como usuarias está muy distorsionada y todos debemos colaborar para que cambie. Ahora bien, la obligación de informar la tienen los profesionales, ¿cómo vamos las mujeres a cambiar nuestra visión y solicitar una buena atención en lugar de urgirles a que actúen rápido, si nadie nos habla a lo largo del embarazo de lo que es mejor para el parto? Si en las consultas apenas nos explican nada por falta de tiempo y nos reprenden por querer saber demasiado. Al final, parece que la cosa no va con nosotras, que nosotras no tenemos nada que decir al respecto y como los médicos son los que toman las decisiones, en su pecado llevan implícita la penitencia; ellos asumen la responsabilidad, ellos asumen la culpa.

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Jesús Sanz, comadrón de Tenerife. Febrero 2010

Es sorprendente después de millones de años de evolución encontrarse con la formulación de esta pregunta.

El parto como tal, como mecanismo de supervivencia de una especie, ha existido siempre y ha ido evolucionando a lo largo de millones de años para elaborar una serie de mecanismos que le hagan lo más seguro para el ser humano; uno de esos mecanismos es que su equilibrio, su delicado equilibrio, no se vea alterado por ingerencias externas al propio parto. Este mecanismo ha estado presente en todas las culturas, todas lo han entendido, aplicando y, aún hoy en día, está presente en millones de partos que suceden a lo largo del planeta. ¿Una utopía? Más bien diría que es una realidad que hemos olvidado en nuestra sociedad actual por la necesidad que tenemos de “controlar” todo lo que sucede a nuestro alrededor.

Esto no quiere decir que tengamos que renunciar a los cuidados que prestamos hoy al parto, pero sí que debemos aprender a aplicarlos cuando son realmente necesarios.

Tenemos que reaprender a estar en los partos “sin molestar”, pero estar atentos a todo lo que sucede para poder intervenir cuando sea necesario sin ser nosotros los causantes del problema.

 

Durante más de 16 años he acompañado y asistido partos en casa, y a lo largo de estos años he experimentado muchos cambios, y me he dado cuenta de que no siempre he realizado un buen trabajo como comadrón, que se me han escapado muchos signos que me hablaban de que algo iba mal y, al contrario, de que todo estaba bien cuando yo estaba preocupado y molestando en exceso a la mujer. He tenido que aprender así, de esa manera, en cada parto, acudiendo a otros profesionales, escuchando a las mujeres de cómo se habían sentido con mi asistencia, y he de reconocer que cuando me criticaban, en un principio, no me sentía nada bien, mi ego me decía qué cómo era posible que me hablase así una mujer a la que había facilitado que su deseo de parir en casa de forma fisiológica me pudiera criticar. Pero gracias a todas estas mujeres pude abrir los ojos y ver que tenía que mejorar mucho. En apariencia, parecía que mi asistencia era impecable, iba con todo el equipo necesario, tenía todos los conocimientos necesarios y me acompañaba la persona adecuada. Entonces, ¿de qué se quejaban? Hasta que di con la respuesta: mi falta de escucha. No escuchaba las necesidades de la mujer, no escuchaba el parto, qué mensajes me enviaba cada parto para comprender que todo estaba bien o estaba mal. Las mujeres realmente se quejaban de que las molestaba. Cuando uno se da cuenta de esto, cambia mucho su asistencia, es todo un desaprendizaje del parto molestado, de todo lo que uno hace, que debería dejar de hacer porque realmente no sirve para nada, sólo para molestar.

Recuerdo cuando estudiaba que tenía un profesor que decía algo a lo que con los años le he dado importancia: “Para que un parto suceda, sólo son necesarias dos cosas: la madre y el bebé, todo lo demás es superfluo”. Y qué razón tenía, aunque seguramente él no utilizaba esta frase con el sentido con la que la leemos en este contexto.

No quiero decir con esto que debamos dejar solas a la mujeres y que la naturaleza siga realizando su mecanismo de selección natural, nada más lejos, pero si que debemos aprender a saber cuándo sobramos, cuándo podemos estar detrás de una puerta escuchando cómo se va desarrollando el parto. Esto es lo que me sucedió en mi primer parto en casa: fue un 24 de diciembre, por la noche, el padre era carpintero, pero tranquilos no se llamaba José, no tengo tantos años. Fuera de bromas, en ese parto tuve que dejar a la mujer “sola”, no estar físicamente presente, sino colocarme detrás de una puerta, era incapaz de parir en mi presencia, y tuve que esperar a que ya no hubiese marcha atrás para poder entrar y asistir al nacimiento, realmente la mujer se asistió sola, ella recogió a su bebé y yo tan sólo fui un invitado más, que estaba allí por si era necesario. Terminamos cuatro horas más tarde cenando con toda la familia, fue algo muy especial para mí.

Lo que quiero decir es que debemos hacer todo lo posible para que las mujeres se sientan seguras durante el parto.

Ésta no es una tarea sencilla. Durante siglos hemos transmitido el mensaje de que el parto es peligroso, y lo transmitimos a las niñas y niños en el colegio, en casa, en la televisión, en la prensa…Bombardeamos nuestros cerebros con este mensaje: “parir es peligroso”, y desde este punto de partida es difícil realizar cambios en la asistencia. Tenemos que cambiar el mensaje, y muchas veces para poder encontrar una solución tenemos que verlo desde otro punto de vista.

Mi mensaje, el que he aprendido a lo largo de todos estos años, el que me han enseñado las mujeres y sus bebés, es que no es que el parto en casa sea lo mejor de lo mejor, pues se pueden hacer las cosas tan mal o peor que en un hospital. El mensaje que he aprendido es EL PARTO ES UN ACTO DE AMOR INCONDICIONAL. Ése es el mensaje que tenemos que hacer llegar, el mensaje principal, ES UN ACTO DE AMOR, y lo he sentido y experimentado en cientos de nacimientos.

Cuando cambiamos nuestro punto de vista todo es posible. Podemos cambiar la forma en que asistimos, podemos “no hacer”, podemos aprender a estar presentes en los partos sin molestar, interviniendo cuando realmente es necesario, podemos crear los ambientes necesarios para que la asistencia en hospitales, maternidades, clínicas, casas de partos…sean los más parecidos a los de casa. Aprenderemos a saber cuándo sobramos, cuándo la presencia de otras personas puede dificultar o poner en peligro el proceso del parto, aprenderemos a escuchar las necesidades del parto, su calor, su penumbra, su intimidad, su silencio, su amor.

Jesús Sanz, comadrón. Febrero de 2010.

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