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Archive for the ‘Partos de libro’ Category

Ha salido a la venta el nuevo libro de Emilio Santos Leal: “Embarazo y Parto para Torpes. Todo lo que necesitas saber”, de Editorial Oberon Práctico. Un libro muy útil, sencillo y ameno, ilustrado además por Forges, en el que se hace un recorrido por todas las cosas que nos suelen interesar y preocupar a las futuras mamás durante el embarazo: pruebas, molestias, desarrollo del bebé… Pero que tiene como capítulo “estrella”, como su propio autor dice, el sexto, que es el dedicado al parto. Este capítulo habla del parto normal en la especie humana. Parto que ayer, hoy y mañana es siempre el mismo, pues las mujeres parimos hoy de la misma manera en que lo hacíamos hace 5.000 años y lo haremos dentro de otros 1.000. Es el parto que no está condicionado por la atención recibida y que no depende de que tenga lugar en casa o en el hospital.

 

Comenta el autor que la palabra “parto” puede provenir de la sensación que experimentamos las mujeres cuando el bebé se encaja y nos cuenta las distintas fases por las que pasaremos y que es bueno conocer, pues eso ayuda a pasar por ellas. Momentos “no puedo”, “me cago” o “me arde” describen muy gráficamente sensaciones muy intensas que no son indicativas de una necesidad imperiosa de analgesia epidural.

Habla de la importancia de la intimidad, requisito imprescindible para que se produzca el enamoramiento con el bebé recién nacido, y muy acertadamente opina que los minutos siguientes al nacimiento es lo que peor se ha tratado durante el pasado siglo XX y que es primordial que los sanitarios cambien su manera de relacionarse con madre y recién nacido.

 

El último de los ocho capítulos en que se divide el libro es también uno de los preferidos de su autor, pues habla del posparto, el gran olvidado tanto médica como socialmente, y para el que las mujeres tenemos que prepararnos incluso más que para el parto. Habla de la lactancia materna con una naturalidad y respeto poco habituales y que son de agradecer.

Aunque lleve la coletilla “para torpes”, este es un libro apto para todos los futuros padres, para que, como dice en la contraportada “podamos decidir con conocimiento y criterio, huyendo de los prejuicios y estereotipos y podamos disfrutar plenamente de este proceso tan natural como intenso”.

¡Que no te traten como torpe! ¡Decide como vivir y disfrutar tu embarazo!

 

Presentaciones del libro:

El Escorial. Jueves, 9 de junio, a las 18:00 en la Escuela Infantil Casa Madre, 

Madrid. Viernes, 10 de junio, a las 19:30 en el Centro Nagual 

Madrid, en la Feria del Libro del Retiro, el domingo, 12 de junio desde las 19:00 horas para firmas dedicadas, stand de Anaya- Oberon.

 

Información sobre el libro e índice del mismo, aquí.

Emilio Santos Leal es licenciado en ciencias físicas, médico psiquiatra y ginecólogo. Está considerado todo un referente en lo que se refiere a la atención al parto natural y un gran conocedor de los aspectos emocionales del nacimiento.

A través de sus artículos, trabajos de investigación, ponencias internacionales y en el ejercicio diario de su profesión promueve un modelo de asistencia al parto que respeta la fisiología y la vivencia de cada mujer. De esta forma, consigue garantizar en todo momento la seguridad y la plenitud emocional de madre y bebé.

Escribe habitualmente en la revista Tu bebé, y es coautor del libro La cuna vacía: el doloroso proceso de perder un embarazo.

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Dos kilos ochocientos

Del poemario teatral “Si tú no hubieras nacido”, de Carlos Laredo

Marc Chagall. Aleko and Zemphira by Moonlight.

 

Yo nací con dos kilos ochocientos

Un kilo, dos kilos, dos ki-los-o-cho-cien-tos

A tu pesar, a mi pesar, pesé dos kilos ochocientos.

No te acuerdas del día en que nací y sin embargo

Te amo

 

Cuando mi hijo nació, el médico lo salvó con su bisturí

Con una cesárea que no era necesaria. Y tú no querías

nacer así.

 

Nadie quería que yo naciera, pero he abierto un paréntesis

para estar aquí, de pie, delante de ti.

Porque, si yo no hubiera nacido,

tú tampoco lo habrías hecho

Me cortó los abdominales con mi tarjeta visa, sin aviso

de los dolores posteriores

Garantizando un puerto seguro para salir a la mar

Y tú no querías nacer así.

 

A tu pesar, a mi pesar, pesé dos kilos ochocientos.

Y nadie pudo acabar con el motivo de mi nacimiento.

Un parto seguro sin lugar donde amar.

Cortando el ancla sin preguntar, como si no nos

pudiéramos abrazar. Separados, sin más, en la dichosa

tortura natal

Y tú no querías nacer así.

 

Y te diste cuenta de que yo era un trozo de carne con ojos

y que mis ojos te necesitaban

No te acuerdas del día en que nací y sin embargo

te amo

 

Y yo estoy aquí, de pie, delante de ti

Soy el espejo del deseo no deseado

Y tú querías nacer despacito.

Él tenía prisa, ¡qué le vamos a hacer!

Tú tenías sueños, ¡qué le vamos a hacer!

Yo tenía miedo, ¡qué le vamos a hacer!

Y tú no querías nacer así.

Mi hijo podía sufrir, yo podía morir.

Y él no podía quedarse allí un poquito más y esperarte.

Esperarte por el camino anunciado, por el sendero del

ser humano

Y tú no querías nacer así

Arrancado de tu sueño.

Arrancado de mí.

Arrojado, pinchado y golpeado

Te arrojaron al aire como lanzando a una piscina

Al que no sabe nadar.

Y tú no querías llegar así.

Poemario teatral en un acto

Este texto enhebra los hilos invisibles que se tejen entre las personas. Nacemos tejidos por nuestros antepasados y bordados por nuestros contemporáneos. Bordados por hilos invisibles de un amor hecho de raíces, como el que nos une a nuestros hijos y a nuestros padres. Este canto de amor entre generaciones no esta exento de gritos ante un mundo que tiende a mercantilizar cada nacimiento. Anidar un mundo venidero de un modo diferente es posible, y tal vez pase por empezar a creer que los recién nacidos son los más viejos de la humanidad.

Palabras de Carlos Laredo.
Música de Alexander Scriabin interpretada por Mikhail Studyonov.

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Extracto del libro Dentro de mí (1994), de Doris Lessing, Premio Nobel de Literatura 2007.

Mi segundo parto no fue lo que esperaba. Hago este apunte por esa afirmación de que lo que determina el transcurso del parto es la actitud mental.

Mi primer parto o lying-in (“reposo en casa” como solía llamarse antiguamente al parto y con bastante acierto, pues debías guardar reposo durante semanas) lo abordé tranquilamente, sin esperar dolor, o dificultades, dada mi joven y arrogante salud. Pero el dolor fue terrible; después el bebé acabó por agotarme, seguramente debido a la exuberante salud que heredó de mí.

Y por eso la segunda vez me preparé para un parto doloroso y para otro combativo bebé.

De nuevo la Primera Dama de la Clínica de Maternidad, la estúpida enfermera autoritaria, esas joviales enfermeras que se aseguran de que las madres y los bebés se vean lo menos posible. Yo estaba en una habitación en el extremo opuesto de la entrada, la habitación contigua a la que había ocupado anteriormente; la vida en una pequeña ciudad ofrece continuidades insospechadas para los habitantes de las grandes ciudades.

Llegué, como la primera vez, por la noche, tras reconocer los dolores que eran diferentes a otras punzadas, retortijones, sensaciones, presiones del final del embarazo, y por la inconfundible oleada de energía de la que te provee atentamente la Madre Naturaleza.

Sola, iba y venía por la habitación, después de haber sido bañada y, por supuesto, afeitada. Como de costumbre, la clínica ya no daba más de sí. “Tú sé buena chica”, gritaban las enfermeras, asomando sus cabezas sonrientes por la puerta.

Yo quería estar sola. Paseé, paseé toda la noche, dando vueltas y vueltas, fui a ver a los bebés que al principio todavía dormían, pero después los evité cuando empezaron a dar gritos, dos horas antes de la hora de comer. Miré las estrellas por la ventana.

(…) Después, a las diez de la mañana, unas punzadas aguadas, entraron el doctor y las enfermeras, y el bebé nació al cabo de media hora.

Todavía esperaba que comenzara el parto. Me había dolido muy poco antes del cloroformo. Me enseñaron una niña menuda, más pequeña que su hermano, y al mismo tiempo hecha evidentemente de algo diferente, una cosita hermosa lista para ser abrazada y mecida. Pero: “Pronto acabará con tu paciencia”. “Por favor, enfermera, no te la lleves”. Oh, ya, pues entonces sólo un minuto. Los diminutos labios se aferraron al pezón, de nuevo el milagro, la vida que sabe exactamente lo que tú sabes. La enfermera está de pie frente a ti, con el ceño fruncido. “Todavía no tienes leche, ¿sabes? Mañana te bajará”.

Y se llevaron al bebé triunfalmente, y a mí me dejan sola, lista para llorar desconsoladamente, en la cama. Pero faltaba otra vuelta de tuerca. La enfermera había prohibido a los hermanos y hermanas visitar al recién nacido a causa del peligro de infección.

John [su primer hijo] vino con su padre y se quedó de pie, fuera, tras la ventana, en la entrada, y desde el otro lado yo alzaba al bebé en brazos y se lo enseñaba. Me sentía fatal. Él también tenía el ánimo por los suelos. No se me ocurre nada que pueda despertar más celos hacia el recién nacido, o que produzca más ansiedad a la madre. Esto fue lo peor de este segundo nacimiento.

(…) Es normal que uno se pregunte: “Si era tan horrible aquel lugar, ¿ por qué volviste?”. De hecho es una buena pregunta. Pues bien, hasta más adelante no supe lo horrible que era. Y “todo el mundo” iba allí. Tampoco había otro lugar adonde ir, realmente. No recuerdo clínicas de parto. Me refiero, por supuesto, a las mujeres blancas. Si hablamos de la pasividad de la mujer, y buena parte de mi actitud era de pasividad, creo que los hombres pocas veces carecen de pasividad cuando se trata de médicos.

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Por Gabriella Bianco

Con palabras siempre hermosas, frágiles y duras, dulces y amargas, sin olvidar nunca los necesarios silencios, Margaret Mazzantini logra entrar con su poesía en el profundo del alma del lector, atrapándole en una novela no-linear, que se desarrolla como una vieja herida que vuelve a abrirse tras una llamada telefónica (http://www.youtube.com/watch?v=xBqN3gc6i5Q), entre la angustia del presente y el horror del pasado, entre realidad y flashbacks. Es la historia de Gemma, de su amor intenso y verdadero aunque nunca perfecto, en el presente y en el pasado de una Sarajevo sobrevivida a una guerra sangrienta, a las bombas y al exterminio bajo los ojos distraídos de mamá Europa.

Esta maravillosa novela, que lleva como título original “Venuto al mondo” (Venido al mundo) nos habla de la fuerza del deseo de maternidad, aseverando que ser madre significa Amar un hijo con el corazón y con todo nuestro Ser, un amor que supera cualquier barrera y que siempre es esperanza de futuro.

Con su prosa impecable, esta novela de la autora y artista Margaret Mazzantini (http://es.wikipedia.org/wiki/Margaret_Mazzantini) es galardonada con el Premio Campiello 2009, uno de los reconocimientos literarios más tradicionales y prestigiosos de Italia.

Os lo recomiendo desde la emoción y fuerza que me deja en la superación de un trauma colectivo y compartido que no quiero olvidar.

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Por Gabriella Bianco

En un día de este verano recibo por correo un paquete anónimo. En su interior encuentro esta joya de libro, envuelto en un papel rojo oscuro brillante…La curiosidad me lleva a leer inmediatamente las primeras páginas…No hay nada que hacer, no puedo parar, el libro me atrapa…¡Necesito unos instantes para intuir con total certidumbre el nombre de la querida amiga que me da esta linda sorpresa! Y sonrío…y sigo leyendo sin poderlo dejar un instante de lado hasta terminarlo sin dejar de saborear cada una de las palabras de su autora.

Descubro con sorpresa y admiración a Danièle Pflaumenbaum , una mujer con una biografía que me enternece y una ginecóloga cuya pasión por su profesión y su implicación con la salud sexual y reproductiva de la mujer la lleva a emprender su camino de crecimiento personal a través del psicoanálisis y a seguir formándose en Medicina China y acupuntura.

Desde la riqueza de un enfoque ginecológico transgeneracional, enriquecido por distintas disciplinas y sus 30 años de experiencia clínica, Danièle Pflaumenbaum nos propone una visión cuanto menos revolucionaria de la construcción, vivencia y dinamismo de la sexualidad de la mujer. Su ensayo magistral pretende revigorizar a los hombres y dinamizar a las mujeres en un encuentro amoroso en el que ambos sexos se (re)descubren, se (re)conocen, comparten y se (com)penetran en el sentido más profundo del Tao (yin-yang en idioma chino: hacer el amor). Lo recomiendo desde el útero y el corazón a todas las mujeres deseantes de reflexionar sobre la vivencia de su sexualidad desde un vacío fértil.

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Por I.O.

“No decía palabras” es una novela de Cecilia Perez-Minguez, una de las psicólogas de nuestro país con mayor experiencia y formación en psicología perinatal. La novela se inicia con el nacimiento de un gran prematuro y una descripción conmovedora de la soledad de una madre y desde ahí profundiza en la complejidad del fino entramado que se establece en torno a cada bebé. Llena de matices, demuestra una mirada respetuosa y sensible hacia y con las madres más vulnerables. ¡Absolutamente recomendable!

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